La danza del vientre llegó a mi como un tema más a cubrir en una revista de salud. Sin embargo, me dejó muy inquieta reconocer el poder que tenía en la mujer cuando hice la entrevista. Después de eso, pasaron dos años hasta que me decidera a practicarla pero finalmente, asistir a mi primera clase un sábado en la mañana fue el comienzo de una buena transformación de mi vida ya que no sólo ha cambiado la forma de mover mi cuerpo, sino la forma de ver, sentir y reconocer de qué forma
bailo esa danza de la vida y todo esto me gusta.

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